• 12 julio, 2016

El uso de las nuevas tecnologías en el ámbito educativo está suponiendo importantes cambios en el proceso de enseñanza-aprendizaje por parte de profesores y alumnos. Un ejemplo está en el uso de herramientas que tradicionalmente se han utilizado como apoyo para impartir las materias escolares, como son las pizarras. Para la mayoría, no hay recuerdo de nuestra infancia en el que no asociemos nuestras sesiones en el aula con la tradicional pizarra con tizas, en la que maestros y profesores vertían sus explicaciones o nosotros mismos realizábamos los ejercicios que nos encargaban.

El cambio y la transformación digital ha supuesto la llegada al terreno educativo de las pantallas o pizarras digitales interactivas (PDI), que han comenzado a tener un uso más reciente pero que ofrecen unas grandes potencialidades pedagógicas, y por tanto, una serie de ventajas respecto a la pizarra tradicional y a las clases impartidas con este tipo de dispositivos, que cada vez más se van integrando en las aulas de los centros escolares.

Existen numerosos estudios e informes internacionales que ya han confirmado los importantes beneficios que ofrecen el uso de las TIC en el sector educativo, a nivel general, y en particular, también de las pizarras digitales. En este artículo vamos a describir algunas de ellas.

En primer lugar, permite aumentar la eficiencia y eficacia en el proceso educativo con los niños. Al disponer de elementos visuales, las clases son más atractivas, vistosas y divertidas, tanto para los alumnos como para los profesores, con una gran variedad de contenidos y recursos que están a disposición en cada sesión. Desde la información que ofrece Internet, el acceso a gráficos, vídeos o audios hasta aplicaciones educativas o juegos que aportan un mayor abanico de posibilidades para cada sesión. Al estar conectada a la Red, las pizarras digitales suponen una fuente inagotable de información multimedia e interactiva disponible de manera inmediata en el aula que permite aprovechar didácticamente los materiales, incluso hasta grabarlos o enviarlos por mail gracias al software que incorporan.

Con todo ello, se incentiva la comprensión y la visualización de los conceptos y se facilita a los estudiantes el seguimiento de las explicaciones del profesorado. Además, esta variedad de recursos permite adaptar las clases a diferentes estilos de aprendizaje, ampliando las fuentes que el profesor puede utilizar para preparar sus sesiones o las actividades a desarrollar en el aula.

Por otra parte, las pizarras digitales fomentan la motivación y la participación de los alumnos en las clases, ya que propicia un entorno en el que se facilita interactuar y compartir entre ellos, y también con los profesores. Se fomenta el trabajo en grupo, los debates y las presentaciones de proyectos o tareas de una manera más entretenida, lo que también contribuye a que los alumnos capten la atención y asimilen mejor los conocimientos y contenidos impartidos. Se trata de una comunicación bidireccional que posibilita un aprendizaje en el juego o con otro tipo de metodologías como el aprendizaje basado en proyectos, personalizado y colaborativo, que pueda ser utilizado dentro y fuera del aula.

Otra de las ventajas de las pizarras digitales es que es recurso aplicable a todas las etapas educativas, que se puede utilizar con alumnos de todas las edades y en todas las áreas del currículo, y que es flexible y adaptable a diferentes estrategias docentes.

Igualmente, en el lado del profesorado, la utilización de pizarras digitales supone un reto pedagógico hacia la innovación y el desarrollo profesional, exigiéndoles articular los contenidos y materias a enseñar a los alumnos a través de una herramienta tecnológica que ofrece múltiples posibilidades, muy enriquecedoras para el desempeño de su tarea.

Y por último, pero no menos importante, las pizarras digitales son un recurso útil para acercar las TIC a los alumnos, pero de manera especial para aquellos que tienen algún tipo de discapacidad, ofreciéndoles una formación adaptada a sus necesidades y ayudándoles a superar las barreras que puedan tener por dicha discapacidad. Así, por ejemplo, quienes tengan dificultades visuales podrán beneficiarse de poder ampliar letras o imágenes, los que tengan problemas auditivos podrían aprovecharse del uso del lenguaje de signos en la pantalla, y los que posean otras necesidades educativas especiales se beneficiarán de disponer de una superficie interactiva de gran tamaño sensible a un lápiz electrónico o incluso al dedo.

Ahora bien, para que el uso de las pizarras digitales en el área educativa tenga éxito se requiere de una infraestructura adecuada (aula TIC), y de una voluntad clara por parte del profesorado y la dirección de los centros escolares para adaptarse a este cambio digital, y mejorar las experiencias y prácticas docentes habituales, así como una formación en el uso de estas nuevas herramientas, tanto a nivel tecnológico como didáctico, para que aprendan a utilizarlas y organizar los recursos que ofrecen. Si no, estaríamos abocados al fracaso.